Mensaje del Papa

El vídeo del Papa: Diálogo y reconciliación en el Oriente Próximo.

En Oriente Próximo, como en todo el mundo, es necesario hablar el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo. Aunque a veces no resulte fácil, vale la pena hacerlo. Por eso el Papa Francisco nos anima a que nos convirtamos todos en hombres y mujeres de reconciliación.

“En Oriente Próximo la convivencia y el diálogo entre las tres religiones monoteístas se basa en lazos espirituales e históricos.

De estas tierras nos llegó la buena noticia de Jesús, resucitado por amor.

Hoy, muchas comunidades cristianas, junto a otras judías y musulmanas, trabajan aquí por la paz, la reconciliación y el perdón.

Recemos para que en el Oriente Próximo. donde los diferentes componentes religiosos comparten el mismo espacio de vida, nazca un espíritu de diálogo, de encuentro y de reconciliación.”

Mensaje del Papa

Primavera misionera en la Iglesia

El Papa Francisco ha convocado un Mes Misionero Extraordinario con el que quiere recordarnos que vivimos en estado permanente de misión.

Todo bautizado y bautizada es una misión. Una Misión que no es hacer proselitismo, sino ofrecer la salvación cristiana respetando la libertad de cada uno.

“Hoy, es necesario un nuevo impulso en la actividad misionera de la Iglesia para afrontar el desafío de anunciar a Jesús muerto y resucitado.

Llegar a las periferias, a los ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio: en esto consiste lo que llamamos missio ad gentes.

Y recordar que el corazón de la misión de la Iglesia es la oración.

Este Mes Misionero Extraordinario recemos para que el Espíritu Santo suscite una nueva primavera misionera para todos los bautizados y enviados por la Iglesia de Cristo.”

El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

Mensaje del Papa

El vídeo del Papa – la protección de los océanos

Una manera de explicar la importancia del cuidado de los océanos es usar un par de ejemplos sencillos pero impactantes: una persona de cada dos vive gracias a ellos. Y de cada dos respiraciónes que hacemos una es gracias a los océanos. Cuidémoslos. Su muerte es la muerte de todo lo que está vivo en la tierra, incluyéndonos a nosotros.

“Los océanos contienen la mayor parte del agua del planeta y también la mayor variedad de seres vivientes, muchos de ellos amenazados por diversas causas.

La Creación es un proyecto del amor de Dios hacia toda la humanidad. Nuestra solidaridad con la “casa común” nace de nuestra fe.

Recemos este mes para que los políticos, los científicos, los economistas trabajen juntos por la protección de los mares y de los océanos.”

Mensaje del Papa

El vídeo del Papa

Las personas encargadas de impartir justicia tienen una gran responsabilidad. Su labor no es nada fácil. Y tiene unas consecuencias que afectan directamente a la vida de las personas. Por eso han de mantener su independencia e imparcialidad. Para asegurar que la justicia tenga siempre la última palabra.

“De los jueces dependen decisiones que influyen en los derechos y en los bienes de las personas”.

Su independencia les tiene que mantener alejados del favoritismo, de las presiones las cuales pueden contaminar las decisiones que ellos tienen que tomar. Los jueces han de seguir el ejemplo de Jesús, que no negocia nunca la verdad.

Recemos para que todos aquellos que administran la justicia obren con integridad, y para que la injusticia que atraviesa el mundo no tenga la última palabra.”El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

Mensaje del Papa

El vídeo del Papa – Junio 2019

Acerquémonos a uno de los muchos párrocos que trabajan en nuestras comunidades. ¿Qué da sentido a su vida? ¿A quién dedican su servicio? ¿Porqué se entregan tanto? Jesucristo es el centro de sus vidas, y quieren vivir según su estilo. No es fácil vivir la «simplicidad evangélica», que entiende y practica todas las cosas en clave de misericordia, cercana a los más pobres.

“Quiero pedirles que dirijan su mirada a los sacerdotes que trabajan en nuestras comunidades.

No todos son perfectos, pero muchos se la juegan hasta el final ofreciéndose con humildad y alegría.

Son sacerdotes cercanos, dispuestos a trabajar duro por todos.

Demos gracias por su ejemplo y su testimonio.

Recemos por los sacerdotes para que, con la sobriedad y la humildad de sus vidas, se comprometan en una solidaridad activa, sobre todo hacia los más pobres.”

Mensaje del Papa

Vivir cada día para la gloria de Dios

Mensaje del Papa Francisco a latinoamericanos y a españoles

ABRIL 17, 2019 11:48LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL
(ZENIT – 17 abril 2019).- “Pidamos al Señor que la celebración de la Pascua no sea sólo un momento más en nuestra vida, sino que nos impulse a vivir cada día para la gloria de Dios, confiando al Padre las pruebas que nos afligen y encontrando en Él el abrazo misericordioso que nos anima a perdonar a los demás”.

Estas son las palabras del Papa Francisco dirigidas a los hispanohablantes durante la audiencia general celebrada hoy, 17 de abril de 2019, en la plaza de San Pedro.

El Papa ha saludado y bendecido a los peregrinos de lengua española procedentes de España y América Latina durante la catequesis en torno a tres palabras que Jesús dirige al Padre en distintos momentos de su Pasión. A través de los mismos, el Pontífice ha reflexionado sobre la gloria, sobre la confianza en Dios como Padre ante la desolación y el dolor y sobre el poder del perdón.

Mensaje del Papa

Frases del Papa el Domingo de Ramos

“Queridos jóvenes, no os avergoncéis de mostrar vuestro entusiasmo por Jesús, de gritar que él vive, que es vuestra vida”.

“Y cuando sintáis que os pide que renunciéis a vosotros mismos, que os despojéis de vuestras seguridades, que os confiéis por completo al Padre que está en los cielos, entonces alegraos y regocijaos. Estáis en el camino del Reino de Dios”.

“Quiero recordar a tantos santas y santos jóvenes, especialmente los de la puerta de al lado”.

“Es impresionante el silencio de Jesús en su pasión, que vence la tentación de responder y de ser mediático”.

“Tener el coraje de callar, con un silencio humilde y no rencoroso”.

Mensaje del Papa

Mensaje de Cuaresma del Papa Francisco

«La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm  8, 19)

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018,
Fiesta de san Francisco de Asís

FRANCISCO